ntre leyendas, historias más o menos verificables, y múltiples mitologías, la visión europea de las Islas apenas si avanza, significativamente, hasta los siglos XII y XIII.

sí, de acuerdo con los estudios del Profesor Marcos Martínez, esa historia clásica tiene como un punto inequívoco de partida a Plinio el Viejo(79 d.C.) y se cierra, a finales del s. XIII, con el "redescubrimiento".

odo un conjunto de oscuras navegaciones, algunas verificadas a través de hallazgos de arqueología marina, nos vinculan a la navegación de cabotaje por nuestras aguas y las del cercano continente africano de cretenses, egipcios, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, árabes, etc.

egún los indicios más sólidos, pudieron ser los fenicios, en el segundo milenio antes de Cristo, los primeros descubridores de Canarias. Cádiz ( Gadira o Gades antigua) actuaría como el "punto de enlace" para éstas singladuras hacia espacios poco conocidos. Las noticias clásicas sobre dragos, pesca del atún, etc. apuntan a presencias de pueblos mediterráneos que usaban dicho enclave portuario como base operativa.

ufemo de Caria y Eudoxo de Cízico, ambos marinos griegos, parecen guardar relación directa como la navegación en las aguas de Canarias, aunque, sin duda, la famosa "circunnavegación africana", vinculada a la época del faraón Necao II (610-595 a.C.) y ejecutada por fenicios, ofrece suficiente valor historiográfico para considerarla como una primera exploración de las Islas que serviría de base a la literatura de viajes clásica. Un periplo, sin duda, menos famoso que el de Hannón, el cual sitúan algunos autores en las Islas.

l período clásico romano corresponden las menciones de Plinio y Plutarco, en el siglo I a.C., quien menciona unas islas en el Atlántico, que podrían corresponden con Lanzarote y Fuerteventura. Se piensa que las fuentes de ambos escritores serían las del historiador romano Salustio y la posible expedición de Juba II, a quien algunos autores asignan una hipotética primera colonización de las Islas.

as menciones de Estrabón, en su "Geografía" ( "…las islas de los Bienaventurados están situadas ante la coste de Maurusia…en la parte de esta región con la que linda asimismo el límite occidental de Iberia…"), de Plauto en " Las tres monedas 549", que acuña la denominación de "fortunatae Insulae" (Islas Afortunadas) o de Pomponio Mela, en su "Corografía" ("…situadas enfrente, las islas Afortunadas abundan en plantas que se crían espontáneamente y con los frutos que nacen sin parar unos tras otros alimentan a sus despreocupados habitantes…").

ero será Plinio El Viejo (79 d.C.), quien formule referencias más precisas sobre las islas: "…Hay quienes opinan que más allá están las Afortunadas y algunas otras, entre las cuales el mismo Seboso, que expresó también las distancias, asegura que Junonio dista de Gades 750.000 pasos y que a otros tantos en dirección al Ocaso están Pluvialia y Capraria…".

sidoro de Sevilla, uno de los famosos teólogos hispanos de la antigüedad, entre el siglo VI-VII d.C. determina, con precisión su ubicación, al señalar que "…Están situadas en el océano, enfrente y a la izquierda de Mauritania, cercanas al occidente de la misma, separadas entre sí por el mar que las circunda".

espués de esta época, el conocimiento medieval de las Islas se pierde o se vincula a leyendas fantásticas, de origen religioso, como las de San Brandán o San Maclovio. El temor al mar desconocido, más allá de las Columnas de Hércules, en el extremo suroccidental de Iberia, dificulta, hasta los primeros viajes genoveses, en el siglo XIII, un conocimiento real del Archipiélago.